La vida en México

El carbonero de Momoxpan, las tortillas y el pulque.

El carbonero de Momoxpan, las tortillas y el pulque.

El carbonero es uno de los personajes exóticos del mercado de Momoxpan, en Puebla. Llega todos los domingos junto a su familia, desde un pueblo perdido en las faldas del Popocatépetl. No sé si la cercanía al volcán habrá determinado su condición de carbonero, pero me cuenta que él mismo produce el carbón que trae, […]

Las cemitas poblanas, gastronomía popular

Las cemitas poblanas, gastronomía popular

En el mercado Melchor Ocampo de Puebla, más conocido como el Carmen, no hay mucha actividad a las 12 del día, pero un puesto de comida cuyo nombre rima, “Cemitas Las Poblanitas” se prepara a buen ritmo para recibir a su clientela. Aunque es pronto para comer, ya se acercan los primeros que darán cuenta […]

Paletas enchiladas, picante placer.

Paletas enchiladas, picante placer.

P. me pilló ayer comprando una de esas paletitas enchiladas. Lo que te faltaba, me dijo con una de sus sonoras carcajadas, ya solo te falta naturalizarte mexicana. Alargándole esa especie de piruleta para que le diera una probadita, aproveché para decirle que lo pensaría, lo de naturalizarme, digo. Estos dulces que yo descubrí hace […]

del Zócalo de Puebla y de una historia de tacos, chiles y lágrimas
By agosto 2, 2012 0 Comments Read More →

del Zócalo de Puebla y de una historia de tacos, chiles y lágrimas

El zócalo de Puebla me pareció el sitio más encantador del mundo. Rodeado de edificios coloniales y portales bulliciosos donde la vida discurre ligera y alegre, está custodiado por una imponente catedral del siglo XVII, que es el primer templo de gran magnitud arquitectónica que se construyó en América. Un jardín de árboles centenarios crece […]

Historias de Puebla, o el Tibor de Talavera
By julio 13, 2012 0 Comments Read More →

Historias de Puebla, o el Tibor de Talavera

Encontré el tibor en una de esas preciosas tiendas de antigüedades que salpican, cada día menos, las calles del centro de Puebla. Me paré a mirar unas florecillas blancas que se enredaban y trepaban díscolas por la herrería de sus ventanas y como la puerta estaba entreabierta y aunque era domingo, me animé a tocar […]