By julio 23, 2012 Read More →

de Salvador Vázquez Carmona y del tibor olvidado en Tonalá

Tibor de Salvador Vazquez CarmonaSalvador Vázquez es un referente en Tonalá, Jalisco. El gran maestro salió del taller del genial ceramista Jorge Wilmot, ya fallecido, con quién trabajó más de 20 años. Hoy en día está considerado, incluso por sus compañeros, como el mejor artesano de Tonalá.

Llamé al timbre de su casa, hace ya algunos años, y él mismo me abrió la puerta como si me hubiera estado esperando, con la espontánea naturalidad del que está acostumbrado a recibir. Me lo encontré vestido de faena, o al menos me lo pareció, con restos de color y barro en la barbilla y los dedos.

Me estrechó la mano, grande y áspera, y me pasó a una pequeña y luminosa salita, sencilla pero suficiente para sentirse a gusto. Allí estuvimos charlando un rato del viaje y del socorrido tiempo hasta que me atreví a levantarme y echar un vistazo a las piezas que estaban sobre la mesa.

Enseguida me fijé en un fantástico tibor con una imagen de Santiago Matamoros, el apóstol que tantas veces pinta, y lo quise comprar.

Se sonrió como si de antemano hubiera sabido que le preguntaría por él y me dijo moviendo la cabeza: – No, esa pieza no se la puedo vender, es un encargo de un coleccionista norteamericano y vendrá a recogerla esta semana.

Yo quería aquel tibor, así que le miré un rato esperando que cambiara de opinión, pero me repitió: – Nooo, no, esta pieza ya está comprometida, pero si quiere algo bueno, mire allá, dijo señalando otro, me lo encargó Fomento Cultural Banamex hace más de un año y todavía no han venido a recogerlo, así que si lo quiere, es suyo.

El tibor estaba decorado con peces de grandes aletas, que parecían más volar que nadar sobre un mar rizado de colores tierra. La cabeza blanca, con un ojo redondo y negro que parecía mirarte de reojo, pero sin llegar a inquietarte y la boquita cerrada, caída, con una mueca algo infantil de susto. Aquellos peces eran tan hipnóticos como los vivos, así que no fue difícil decidir, cambiarían de acuario.

Y así fue como la casualidad o el olvido puso en mis manos una fantástica pieza, que estaba destinada a una gran colección.

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