By mayo 21, 2013 Read More →

El carbonero de Momoxpan, las tortillas y el pulque.

Mercado Puebla

El carbonero es uno de los personajes exóticos del mercado de Momoxpan, en Puebla. Llega todos los domingos junto a su familia, desde un pueblo perdido en las faldas del Popocatépetl.

No sé si la cercanía al volcán habrá determinado su condición de carbonero, pero me cuenta que él mismo produce el carbón que trae, enterrando entre ascuas y durante una semana, las ramas de los árboles que tiene a mano. Tendría que verlo, me dice fascinado haciendo gestos con las manos, por los agujeros del hoyo excavado en la tierra sale mucho vapor, como si fuera un volcán en erupción, es como el Popo, remata entre aspavientos.

Junto a él, su mujer prepara en el comal tortillas de maíz hechas a mano y su hijo es quien despacha aguamiel y pulque. Cada cual a lo suyo, pero es el carbonero el que lleva la voz cantante. Mujer, dale una tortilla a la señorita, le dice desde su posición de mando.

La señora se toma su tiempo para asegurarse de que la tortilla sea perfecta y me la pone directamente en la mano. Quema como un diablo y aunque quiero disimular, se me nota el apuro. Se ríen todos, hasta los de los puestos vecinos que se acercan ante la novedad.

Me alarga un enorme cucharón azul para que me sirva salsa roja o verde. Con la roja cubro generosamente la tortilla, la doblo y ladeando la cabeza antes de morder -es la manera de comer un taco- pruebo esta delicia crujiente y muy picante, el moqueo está garantizado. Ya se enchiló señorita, se vuelven a reír.

Mientras el carbonero me deja pasmada hablando de Carlos V y de Moctezuma, lo ha aprendido en la escuela, aclara, a las 11 de la mañana ya van llegando los primeros clientes de pulque, bebida muy alcohólica extraída de la penca del maguey. Algunos, de ojos rojos y párpados caídos, andan felices, pero mal de equilibrio.

Ponme medio litro, le susurra uno casi al oído dando un traspiés.

¿Medio litro? le contesta impávido. Ni medio ni nada continúa, todavía no me has pagado lo que me debes.

No sé qué pasa, pero el carbonero se ablanda rápido y hace un gesto al hijo, que saca de su cautiverio un bidón de plástico y a través de un colador vierte un líquido gelatinoso en un gran vaso de poliestireno. Medio litro está servido para ser consumido allí mismo.

El pulque siempre hay que tenerlo abierto, me explica ajustándose el sombrero de cowboy, no se puede embotellar porque la fermentación haría explotar el envase, remata para mi asombro.

Cada vez hay menos espacio y más vapores etílicos, así que me despido hasta la próxima y le prometo que volveré a por mi tortilla con salsa. Y anímese señorita, venga a nuestro pueblo a ver el proceso del carbón, me dice, está bien chingón. Y no tenga miedo del volcán, continúa, si explota, nosotros ya sabemos hacia donde correr.

El plan es inmejorable y seguro que da para una buena historia, pero me faltan los arrestos necesarios para acercarme al Popocatépetl en plena alerta por explosión volcánica. Se me encoje el alma, no sé por qué,  pero me da que al carbonero le gusta jugar con fuego.

tortillas de maiz

pulque

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