By junio 25, 2013 Read More →

Historias de los portales de Puebla

Zocalo de Puebla

Sentarme en una de las terrazas de los portales del centro histórico de Puebla es uno de mis pasatiempos favoritos, recomendable a todo el que visite la ciudad. Aparte de las magníficas vistas sobre la catedral y el jardín de árboles centenarios y de la fresca michelada con cacahuates que te espera en cualquiera de sus bares, verás pasar por tu mesa a toda una serie de curiosos personajes que ya son un clásico de la historia de los portales.

Vendedores de golosinas, artesanías y loteros desfilan entre las mesas agitando su mercancía, algunas monjas limosneras, tan rollizas y sonrosadas que parecen de pega y niños en uniforme escolar que apoyan sus estudios y escuelas vendiendo cualquier clase de cháchara, dicen.

Portales de Puebla

¿Una boleada jefesiiito? serán las palabras rituales del limpiabotas que se abre camino inspeccionando el calzado con un banquito minúsculo de manera en el que atesora unos cuantos mejunjes. Acepta el servicio y aprovecha para escuchar alguna de sus historias mientras ves como tu calzado desaparece bajo una espuma de jabón de calabaza, una especie de prelavado que es lo mejor para la piel, según te dicen. El resultado serán unos zapatos tan brillantes que delatarán el servicio, como las botas altas de montar de la policía que señalan, desde lejos, a aquellos que ya pasaron por sus manos.

Y así disfrutaba yo ayer de una de estas apacibles tardes poblanas cuando escucho la voz aflautada de un mocoso que me dice casi cantando junto al oído, señito, permítame que le moleste con todo respeto, cómpreme unos chicles. Ande güerita, sigue de carrerilla sin respirar y sin darme tiempo a pensar, apóyeme con mis estudios, estoy en cuarto de primaria, ya verá que no le miento, pregúnteme lo que quiera. Por veinte pesos le vendo este paquete, ande cóooompreme me dice mirándome como el muñeco de un ventrílocuo.

Oye mijo, le digo, tú vendes muy caro, ¿no?. Nooooo sigue cantando como un ruiseñor, yo los compro de a cinco, déjeme ganarle algo.

Sin dejarme ni respirar, mira la cerveza que me acaban de servir y me dice con ojos de lince, los chicles son muy buenos para la salud, ya verá como “luego, luego” le quitan “lo borracha”. Pero si todavía no me has dado tiempo ni de tomar un sorbo, le digo con cara de susto. Ah, ah, pero quién sabe, dice moviendo las manos, luego igual toma otra y ¿qué pasa? Pues con los chicles ya no hay problema, de veras le quitan “lo borracha”.

La perspectiva de que el chicle tenga tales efectos para la salud me pareció un gran descubrimiento y sin dudarlo le compré al niño cantor unos cuantos paquetes. Probaré la fórmula en caso de pasarme con el tequila y prometo revelar resultados.

Jardín del Zocalo de Puebla

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