By junio 11, 2013 Read More →

La talavera y el mundo mágico de Cayetano Corona

tibores de talavera poblana

Nada más atravesar el portón de su casa taller en San Pablo del Monte, uno entra en el fantástico mundo de la talavera poblana. Las macetas azul cobalto llenas de flores y plantas y la cantidad de fragmentos abandonados, verdes, naranjas y amarillos, dan muchas pistas sobre la ocupación del gran Cayetano Corona.

A pesar de haber visitado a menudo a este gran maestro Banamex del arte popular mexicano y de haber pasado muchos buenos momentos rebuscando en sus estanterías, nunca se me había ocurrido que debajo de aquella sala de ventas estuviera el corazón de su negocio, un mundo subterráneo donde un grupo de artesanos, junto al propio Cayetano, pasaban la vida dedicados al moldeado, decorado y horneado de miles de piezas de talavera poblana. Así que cuando su hijo me ofreció un día, como por casualidad, bajar a visitarlo, acepté sin pensarlo dos veces, con la curiosidad de ver qué encontraría.

En la entrada me saludó un enorme vigía, una montaña de arena que un artesano lavaba y filtraba y que daba entrada a un lugar fresco que no debía ser muy diferente de los talleres virreinales que hace cientos de años albergaron a los primeros artesanos en Puebla. El suelo era de tierra y los muebles sencillos, algunos demasiado, hechos con tablas y cartón. Solo un lugar estaba perfectamente decorado e iluminado, el altar de la Virgen de Guadalupe, que vigilaba y protegía a partes iguales.

Me pareció que el ambiente era de paz absoluta, nada les distraía, ni mi presencia, ni mi cámara. Era como una estampa reveladora sobre la poca importancia de lo material, del tener o no tener, del desear.

Durante mi visita, los artesanos apenas levantaron la vista de sus piezas, de los perfiles y las flores, cada movimiento de torno o pincel se hacía con sumo cuidado y concentración para no alterar el delicado proceso de fabricación de estas piezas, que pueden perderse en un descuido. Cuando se ve el laborioso proceso, se entiende también su valor.

Cayetano Corona lleva más de 30 años dedicado al barro, pero las cosas no marchan como antaño, se queja de que no venden. En los 80 eran los únicos en Tlaxcala, me cuenta, pero ahora hay 60 talleres y muchos de ellos ni siquiera producen la talavera tradicional. Pero al artesano los problemas no parecen alterarle, enseguida vuelve su atención a la pieza y yo sé que debo regresar, en un par de metros tengo el sol y el mundo.

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