By agosto 11, 2013 Read More →

La tejedora de la casa de las artesanías de Tlaxcala

TejedoraTlaxcala

Conocí a María de Jesús Tzompanzi Xolocotzi en la Casa de las Artesanías de Tlaxcala.

En el segundo piso, al final de la escalera, me la encontré sentada junto a un telar, en un banquito de madera a ras de suelo dejándose calentar por un sol que entraba a raudales por las vidrieras. No se movía, con su cuerpo pequeño y arrugado parecía formar parte del enorme mural que cubría, tras de ella la pared.

Según me vio  se levantó con gracia y retomó en el telar de pedales un tejido que tenía a medias, ritual que repite para cada visitante. Después de unas cuantas pasadas de hilo, acabó la demostración y me señaló un canasto con unos cuantos ceñidores listos para la venta. Cien pesos me dijo titubeando y pasando en cuestión de segundos a duplicar la cifra.

Como María Jesús, de 86 años, se debía aburrir mucho repitiendo la misma monserga todos los días, y como me vio muy dispuesta a la charla, se acomodó otra vez en su banco y me contó sus cuitas, que al parecer empezaban cada día con un viaje de más de hora y media hasta llegar a la Casa de Artesanías de Tlaxcala, donde hace turnos mensuales con otro artesano. Ahora no hay gente, me dice, el mes de julio es bueno, los gringos vienen y compran mucho.

El trabajo de tejedora no le da lo suficiente para vivir, así que planta maíz en su pueblo. La veo vivaz, pero encogida y arrugada y no me la imagino dedicada a las labores del campo a su edad, pero la necesidad sin duda empuja y da bríos. Me cuenta que vive con una “huerfanita” que resulta ser su nieta, porque de sus 5 hijos varones no hay ni uno bueno, son muy mala gente, solo me dan maldiciones, dice.

Sigue y me cuenta que le robaron todo, hasta las ganancias de unos terrenos que vendió en Puebla heredados de sus padres. Me pidieron el dinero para llevarlo al banco, pero en el camino decidieron parar a comprar una camioneta para su negocio, los muy cabrones, dice sin que le cueste nada. Ahora estoy con un abogado y me lo van a dar por las malas, se le nota con mucho ímpetu y convicción. Cinco hijos se lamenta, cinco malos hijos.

Para despistar la pena cambia de tema y me cuenta que estuvo en Europa, en “Alimaña”, me dice varias veces por si acaso no entiendo. Le llevaron a exponer a un evento de arte popular y a comprar materiales y tintes especiales para sus tejidos. Oiga ¿qué santo es el de alimaña? me pregunta muy curiosa, entré en la iglesia, pero como era de noche no lo vi.

Me quedaría con ella, sentada al sol que sigue calentando la estancia, e iría contándome de suspiro en suspiro la historia de su vida, pero llega la hora de salir. Ven a verme otra vez, me dice. Seguro que iré, para revelarle por fin quién es ese santo alemán que en la noche no alcanzó a ver.

CasaArtesaniasTlaxcala

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