By junio 23, 2013 Read More →

Silverio el bello, Hernán Cortés y el pulque

Silverio el bello con su mujer y su hijo

Hernán Cortés y el pulque son los temas preferidos de Silverio, el carbonero de Momoxpan. Nada más verme llegar, me saluda ajustándose el sombrero y después de un intercambio de cortesías echa mano de una historia aprendida en la escuela.

Cuando llegó el güero chingón vio harto oro, me dice guiñando el ojo. Los aztecas llevaban collares, aretes y penachos de puritito oro, gesticula con sus manos de carbonero, las más negras que haya visto nunca, pero Cortés se lo quitó y lo fundió, y a cambio, nos dejó curas y unas cuantas iglesias, me dice entre risas.

Y fíjese que tan listo no debía ser, porque al final lo emborrachó la Malinche, le dio a beber pulque, hace memoria. Sí, me repite alargando el monosílabo musicalmente para despejar dudas. Aquellos que llegaron con él estaban muy acostumbrados al vino, y pensaron que el pulque era lo mismo y así les dieron en la madre, se vuelve a reír colocándose el sombrero y dejando un rastro de carbón en la frente.

Silverio el bello, como le llaman en su pueblo, San Pedro Yancuitlalpan, es un personaje peculiar y encantador. No es difícil imaginarse por qué le llaman el bello, sigue siendo un hombre guapo que parece descender de los hijos que fueron dejando los colonizadores  en su travesía por el hoy llamado Paso de Cortés, cerca de San Nicolás de los Ranchos, de donde él viene.

Hoy ha sido un buen día, su hijo ha vendido a primeras horas de la mañana todo el pulque que traía. Los clientes habituales vienen pronto, y luego una familia ha comprado varios litros para guisar costillas de puerco. Me reconoce no saber nada de esta especialidad, pero le han dicho que el agua se sustituye por puro pulque. Es que el pulque es una maravilla, explica, una fuente de proteínas, solo le falta un grado para ser carne, dice sonriendo divertido.

La mujer, que esa ocupadísima haciendo tortillas, interviene y me cuenta que ella ha probado una sopa fría a base de pulque, cebolla y chile en vinagre, dice que sabe a caldo de carne. Me lo creo, le digo al carbonero, después de las primeras cucharadas, las visiones traerán al paladar cualquier aroma y sabor. Esta vez soy yo quien le hago reír.

Entonces me vendrá a visitar a mi pueblo? me pregunta. No sé, le digo, el volcán está de lo más intranquilo. No se preocupe, me insiste, si hay que morir, pues se muere uno, para qué vamos a preocuparnos. Le invito a un guiso a base de pulque y le enseño mis manzanos, ciruelos y chabacanos, los animales, mis caballos, marranos, chivos, y las abejas de las que saco miel. Allí la espero, venga, pregunte por Silverio el bello, todo el mundo me conoce.

Estaréis conmigo en que lo que cuenta tiene buena pinta ¿no?, así que esta vez iré, le prometo que iré y probaré el pulque.

Posted in: La bitácora

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